lunes, 24 de noviembre de 2008

Carmen

Durante algunos años laboré para una conocida empresa dedicada a la venta de muebles en toda la república (la de los abonos chiquitos). Mi trabajo consistía en brindar soporte técnico de computadoras a todas las tiendas que tenía a mi cargo. Por esta razón viajaba bastante a Aguascalientes, Jalisco, Coahuila, Guanajuato, Monterrey y claro, por todo el estado de Zacatecas. Mi trabajo me ponía en contacto con todas las personas que laboran en las sucursales, desde los (y las) gerentes, vendedores(as), y por supuesto a las cajeras. Muchos de mis compañeros se quejaban del hecho de que, al entrar a trabajar al área de cajas, las cajeras les platicaran su vida personal, etc. Yo siempre les dije que nuestro trabajo era ser doctores de computadoras y de almas, ya que, el nivel de cajero era el mas bajo en la cadena de mando de las tiendas. ¿Con quien podían platicar las muchachas si no era con nosotros?

Bueno pues, en una de mis tantas salidas a Sombrerete me fijé (iba a decir "conocí", pero no era cierto; ya la conocía, pero no le había puesto atención) en una de las cajeras de la tienda. La llamaré "Carmen". Delgadita, pelo castaño, chiquita (no pasaba del 1.55), bonita, con ese "no se que que que se yo" que tienen algunas mujeres. Total que ese día me quedé tarde (las tiendas cierran a las 9:00 pero hasta que se guarda todo y eso dan como las 10:00), así que decidí quedarme a dormir en Sombrerete. Antes de salir del bunker le pregunté a Carmen si quería salir a tomar algo conmigo y pues me dijo que si. Salimos de la tienda como a las 9:45 de la noche y nos dirigimos hacia mi vehículo. Nos subimos y fuimos por unas cervezas. Con el pretexto de conocer Sombrerete le pedí que me hiciera un tour por su pueblo y, pues como no hay mucho para donde ir acabamos en un mirador.


Ahí le pedí que se sentara mas juntito a mi y cuando se acercó la levanté y la senté en mis piernas. Carmen no opuso resistencia, aún mejor, se acomodó mejor en ellas. Mientras platicábamos comencé a besarle una mejilla y pude sentir como se estremeció al contacto de mis labios. Ante esta señal seguí besándola tiernamente, acercándome poco a poco a sus labios y acabamos fundiéndonos en un rico beso. Entonces las caricias subieron de tono y, gracias a la posición en que nos encontrábamos mis manos corrían libremente por ese cuerpo delicado y pequeño. Justo cuando mis dedos ya empezaban a acariciar su clítoris pos encima del pantalón y ella comenzaba a jadear ante mis caricias llegó una patrulla. Alcanzamos a acomodarnos antes de que se acercaran mas y pues nos tuvimos que retirar del mirador. Como las cervezas ya empezaban a cobrar su cuota orinal nos dirigimos a un hotel a la entrada del pueblo, pues aún no me había registrado en ninguno. Pagué mi habitación y entramos los dos al cuarto, con el pretexto del baño. Carmen entró primero y al salir ni tiempo le dí de decir nada, me lancé hacia ella, la abracé y la besé apasionadamente junto a la cama. Poco a poco la acosté en ella y seguí con el faje, mientras mis manos comenzaban a desabrochar los botones de su camisa y luego el de su pantalón. Poco a poco aparecieron ante mi sus senos, cubiertos por un brassier de encajes color negro. Lo hice a un lado y le chupé y lamí sus senos y pezones. Carmen solo gemía, mientras mis manos hacían hacia abajo su pantalón, revelando una pantaleta negra normalita, nada ostentoso.

Cuando la tuve en ropa interior comencé a desvestirme yo mismo; Carmen me miraba acostada boca arriba como quedaba yo también en ropa interior. Me subí en ella y con ayuda de mis piernas abrí las de ella para quedar en mejor posición, mientras seguía besándola. No quería apresurar las cosas, quería que ella disfrutara cada momento igual que lo estaba disfrutando yo. Le quité su brassier con la ayuda de mis dientes y ella se rió. Continué besando sus senos sintiendo como se ponía chinita. Poco a poco fuí bajando por su estómago, besando cada milímetro de su piel hasta que llegué a su vulva, aún cubierta por su pantaleta. Suavemente la hice a un lado y besé sus labios vaginales, luego con la ayuda de mi lengua recorrí despacio toda esa área velada para los demás, pero que en ese momento era mia.

Carmen se retorcía de placer al sentir mi lengua penetrar en su intimidad (después supe que era la primera vez que le hacían sexo oral), hasta estremecerse y llegar a su primer orgasmo. Me levanté, me limpié la boca con la orilla de la sábana y la besé. Ella me agradeció el orgasmo y siguió besándome, luego siguió con mi cuello y poco a poco bajó hasta llegar a mi pene, lo besó por encima de mi boxer y luego lo sacó y sin mas se lo metió a la boca. Sin embargo no lo estaba haciendo correctamente, pues sus dientes me lastimaban, entonces le pregunté si ya lo había hecho antes. Carmen me contestó que no, pero que había visto algunas películas porno con sus amigas y que de hecho había tenido sexo en un par de ocasiones con un novio que tuvo, pero que ambos eran inexpertos y que incluso ella no había alcanzado el orgasmo con él, de hecho tenía cerca de dos años de no tener relaciones.Siendo así procedí a instruirla en como mamar mi pene. Le mostré como agarrarlo, como besarlo, como metérselo a la boca y como se acomodara para no lastimarme con los dientes. Poco a poco comenzó a hacerlo de una manera natural, sin presiones, gozando con cada vez que entraba a su boca, hasta que casi me hace venir.

Ante esto la acomodé en la posición de misionero y la besé hasta que la penetré en esa posición. Carmen se acomodaba muy bien a mi cuerpo, aún cuando yo soy 15 centímetros mas alto que ella, entonces ella comenzó a tomar las riendas del acto. Se movía como quería, gozando mi verga a cada movimiento, gimiendo, sudando, incluso hasta algunas lágrimas se resbalaban de sus ojos, pues me decía que antes no había gozado así. Luego cambiamos de posición, yo abajo y ella cabalgándome. Ya me había dado cuenta de que en esa ocasión ella quería tener el control, así que la dejé que me cogiera. Carmen se movía muy bien, a veces en círculos, otras veces dando pequeños saltos y yo la verdad hacía esfuerzos para no venirme, pues quería gozarla por mucho rato. Luego cambiamos de posición, ahora a mi favorita, la de perrito. Carmen se acomodó con la mano mi pene a la entrada de su vagina y poco a poco se hechó para atrás, ensartándose en mi verga con cada movimiento. Luego la tomé de la cintura y comencé a bombearla, uno-dos, uno-dos, Carmen gemía y gozaba. Mientras esto pasaba le escupí silenciosamente en su ano y con mis dedos comencé a jugar con él, con una mano acariciaba su ano y con la otra jugaba con su clítoris mientras ella se movía.

Luego de un rato y de varios orgasmos de ella le dije que quería terminar. Carmen me preguntó que si quería terminar dentro de ella y me arriesgué. Terminé dentro de su vagina, llenando sus cavidades con mi leche caliente. Al sentir mi descarga, Carmen se estremeció y tuvo otro orgasmo.Caimos rendidos lado a lado. Nos besamos y nos abrazamos. Luego de un rato de estar descansando me paré de la cama y fui a asearme al baño. Carmen me siguió y también se aseó, aprovechando para que le diera otra dedeada y otro faje. Regresamos a la cama con la intención de vestirnos y llevarla a su casa, sin embargo, Carmen me pidió un cigarrillo. Le encendí uno y otro para mi y acostados en la cama fumamos y platicamos. Luego de un rato me dijo que le había gustado mucho como había jugado con su ano. Ante esto le pregunté si quería probarlo por ahí. Me dijo que si, pero que con cuidado. Le pedí que se acostara de lado y que levantara una pierna, entonces procedí a besarle el ano, a lamerlo, a dedearlo poco a poco, dilatándolo hasta que aceptó la entrada de dos de mis dedos.

Carmen se quejaba de un poco de dolor, pero no me pedía que parara. Entonces cambié de posición, quedando en un 69 con ella. Carmen me mamó el pene, mientras yo seguía jugando con su ano y con su clítoris, con una mano dedeaba su clítoris y con la otra y mi lengua jugaba con su ano. Entonces le pedí que me ensalibara muy bien el pene, que lo dejara escurriendo de saliba y me acomodé atrás de ella, Carmen tomó mi pene con su manita y lo dirigió poco a poco a su ano. Entonces comencé a moverme poco a poco, permitiendo que mi tronco entrara poco a poco en su culito, que se acostumbrara a él. Carmen pujaba al sentir como entraba centímetro a centímetro dentro de ella. Finalmente lo tuvo hasta la mitad dentro y entonces comencé a moverme lentamente. Carmen se quejaba pero inentaba seguir con el movimiento que llevaba yo. Al cabo de unos minutos su ano estaba perfectamente dilatado y permitía la entrada de todo mi pene, entonces Carmen empezó a gemir de placer, a disfrutar de cada embestida, mientras que con mi otra mano jugaba con su clítoris. Después de otros minutos Carmen se movía toda, gozando, sintiendo, apretando incluso con su ano dándome mas placer a mi. Después de unos minutos le dije que estaba a punto de venirme y me dijo que siguiera, que quería sentir mi leche dentro de mi. Entonces seguí con mis movimientos hasta que me vine. Al sentir mi descarga Carmen apretó sus esfínteres, exprimiendo mi pene hasta su última gota. Me quedé abrazado a ella en esa posición hasta que mi pene se salió solo de ella, entonces Carmen se dió la vuelta, me besó, me abrazó y nos levantamos de la cama. Nos metimos juntos a la regadera, cuidando que no se le mojara el pelo, pues aún tenía que llegar a su casa y eran como las 2 de la mañana, seguro la estaría esperando su mamá. Nos lavamos perfectamente, incluso aproveché para lavarle su culito, aún dilatado por mis embestidas, le lavé su vagina y aproveché para darle unas últimas chupadas por esa noche.Salimos del hotel y la llevé a su casa. La dejé en la puerta, nos despedimos con un beso y me dirigí a mi hotel a dormir un rato. Saldría al día siguiente rumbo a Zacatecas. Al amanecer lo primero que hice fue marcarle a su celular y decirle que me había encantado lo de la noche anterior. Ella me contestó que igual y que no descartaba la posibilidad de volver a repetirlo. Esa fue la primera de muchas veces en que nos compartimos sexualmente. Nunca hubo un compromiso entre ella y yo, nunca nos exigimos nada y siempre fuimos muy buenos amigos.